Caía la tarde y el cielo se había pintado de un color rosado, Merida había hecho una parada cerca de un rió para que Angus tomara agua y ella se refrescara. El agua se había pintado de un bonito color rojizo y dorado debido a los rayos del sol, por lo que cuando Merida se quedo durante un instante jugando con el agua, pego el grito cuando noto en el reflejo a otra persona. Sacando hábilmente una de sus flechas se levanto de golpe y preparo su arco. Frente ella había una mujer vestida muy formal, ¿que haría ella en el bosque?
Bajo un poco la flecha, pero no soltó el arco.
- Lo lamento -la miro fugazmente de pies a cabeza- ¿Quien eres?
Beatrice examinó a la joven que estuvo a punto de lanzarle una flecha. Era una princesa, sin duda alguna, la calidad de ese tipo de telas que llevaba puesta sólo alguien de esa alcurnia conseguiría obtener. Ella lo sabía muy bien, más que nadie.
Una sonrisa ladina apareció en sus labios tras escuchar la pregunta que le formulaban. Por supuesto que luciría sospechosa: Nadie en su sano juicio se metería al bosque con un vestido como el que llevaba puesto. Era imposible que éste lograra salir intacto de la maleza que inundaba el sitio, y no cualquier mujer se atrevería a aventurarse a un bosque completamente sola.
Sin embargo, ella ignoró la pregunta que le hacían, y acribilló a la joven con otras.
─ ¿Qué hace alguien como tú completamente sola en el bosque? ¿No sabías que hay muchas brujas rondando en sitios como éste? Además, si yo fuera tú, no llevaría el cabello suelto así nada más.

Ahora te sigue beatoriiche
— ¡Hey~!—
Beatrice se llevó el kiseru a los labios, y lo fumó con tranquilidad, examinándolo atentamente. Tras un breve instante, exhaló el humo y emitió una risita.
─ Juju, ha pasado tiempo desde que he visto un homúnculo como tú. Interesante.

(via greedling-ll-deactivated2013020)
by 桜木くるみ
Había decidido ir a explorar por los alrededores ya que, en su ultima ida a la biblioteca había descubierto que épocas atrás muchas mujeres habían sido acusadas de brujería y decidió ir a investigar más sobre eso, tal vez, con suerte, podría encontrar a una, ya que el sabía que las brujas reales eran inmortales; llevaba horas caminando y aun no había encontrado nada, dispuesto a darse por vencido ese día, dio media vuelta de regreso y para su sorpresa se topo con una extraña mujer, que ,a pesar de verse joven era unos centímetros más alta que el y tenia una larga cabellera color rubio sostenido por una trenza, lo que más le sorprendió fue su vestimenta, era un hermoso vestido negro con detalles dorados… parecía de esos que usaban en épocas victorianas, un poco nervioso se acerco a ella y la saludo.
— H-hola…¿qué haces aquí?.
Beatrice quizás debió haber permanecido en compañía de Bernkastel y Lambdadelta jugando esas repetitivas partidas de ajedrez que no hacían más que empeorar el aburrimiento que llevaban arrastrando desde hacía mucho tiempo. Sentía que hasta las fiestas de té estaban perdiendo poco a poco su gracia, y es que los días, horas, minutos y segundos parecían eternos. Su magia la dirigió a una localidad en Estados Unidos. Había permanecido tanto tiempo atada a Japón, que casi había olvidado que también existían otros países más allá de ese.
Caminando en la oscuridad, pudo percibir la suave voz de un niño dirigiéndose a ella. No sabía si sentirse feliz o no por haber olvidado volverse completamente invisible, aunque el hecho de que se tratara de un niño le pareció interesante, porque habían pasado siglos desde la última vez que hubiera hablado con uno.
Beatrice se giró y lo contempló fijamente, con una sonrisa casi macabra torcida en su rostro.
─ ¿Qué hace un niño como tú caminando descuidadamente por las calles a estas horas? Si no tienes cuidado, la bruja Beatrice te secuestrará y te convertirá en su cena.

Inmediatamente notó lo diferente que era la ropa que traía puesta la nueva visitante en el Valle. Ese vestido amplio y esponjado, de detalles en hilo dorado combinado a la perfección con sus mechones atados en una trenza en la parte trasera de su cabeza. Lucía de una época antigua o quizá era una mujer adinerada que gustaba de vestir con esas prendas que al criterio del azabache, eran de buena elección, o al menos a él le gustaba.
Carraspeó un poco retirando el sombrero de su cabeza, tomándolo con una mano colocándolo a la mitad de su pecho sonriendo con un deje de galantería. - Buenas tardes, ¿puedo ayudarla en algo? -cuando la mujer se dio media vuelta su cuerpo se inclinó al frente en una especie de media reverencia, sin perder el contacto visual con las otras orbes azules.
Permanecer atrapada en aquella isla casi desértica ignorando la gigantesca mansión de Kinzo que ocupaba gran parte de la misma no era algo que a Beatrice le causara mucha gracia, ya que los días pasaban con una lentitud exasperante, y el aburrimiento se encontraba a la orden del día. Ya ni siquiera molestar a Battler parecía ser lo suficientemente entretenido para ella.
Y, entonces, contra cualquier voluntad perteneciente a su maestra, y escapando ágilmente de los ojos de su mayordomo, decidió aventurarse dirigiéndose a cualquier rincón del mundo en el que pudiera llenar sus aburridos días con asombro y entretenimiento.
Fue así como llegó a ese valle.
─ Ridículo ─afirmó contemplando la figura de aquellos árboles, cuyo follaje colorido contrastaba con el azul del cielo.─ Absolutamente ridículo. ¡Esto parece ser sacado de algún libro de cuentos para niños!
A pesar de sus propias palabras, Beatrice se encontraba maravillada ante tal belleza. Jamás, en sus mil y tantos años de edad, había visto algo similar antes, y la niña pequeña que albergaba en su interior no podía hacer otra cosa más que emocionarse y…
¡Espera!
Una voz llegó a sus oídos, sobresaltándola. Una gota nerviosa resbaló sobre su rostro, y tragó saliva antes de girarse y encarar a la persona a la que había escuchado. Se trataba de un hombre bastante delgado, y largirucho, tanto, que estuvo a punto de soltar un comentario al respecto sin antes pensarlo.
─ No sabía que había personas viviendo por los alrededores ─comentó arreglándose la manga del vestido, antes de carraspear y desviar la mirada─. Mi nombre es Beatrice, y vengo de un lugar muy, muy lejano. ¿Podrías indicarme, por favor, cual es el nombre de este sitio?
(Source: ilovemangacaps)
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